Cita

“En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira"
Ramón de Campoamor

viernes, 22 de septiembre de 2017

Extractos literarios (parte I)


   En la Guerra civil del 36 ambos bandos recibieron ayuda militar extrajera, más o menos interesada, dejando en papel mojado cualquier buena intención del “Comité de no intervención”. Los campos de batalla españoles se convirtieron así en el escenario perfecto para poner a prueba las nuevas armas y tácticas  que muchos sospechaban (¿o acaso sabían?) se iban a necesitar en pocos años. Pero cada “aliado” tenía su propia agenda.
   En la URSS el proyecto para el “Desarrollo del Hombre Nuevo”, basado en las nuevas teorías de Lysenko-Pavlov, llevaba adhiriendo apoyos de forma lenta pero constante desde su puesta de largo en la Academia de Ciencias de Leningrado en 1933. Las numerosas referencias del folklore ruso a humanos con capacidades sobrenaturales como la telepatía o telequinesia, así como su apuesta por el condicionamiento y transformación frente a la eugenesia fueron capaces de vencer la mayoría de reticencias. Lo que otras naciones no dudarían de tratar como ciencia ficción perdía allí su apellido para codearse con la física o la química.
   Los primeros éxitos permitieron aprender valiosas pero duras lecciones. Irradiar a los sujetos con altas dosis de radiación parecía indispensable aunque disminuía drásticamente el número de supervivientes. Además las tasas de transformación se mantenían muy bajas y sólo mostraban alguna leve mejora si se trataba a sujetos jóvenes y se les sometía a un nivel de tensión emocional en el límite de lo ético. Pero las mejoras iban demasiado despacio. Si se quería mejorar el proceso para aplicarlo algún día a gran escala, hacían falta pruebas de campo con una muestra de población más amplia. Y entonces estalló la guerra civil en España.
   Aunque la Unión Soviética veía en el gobierno de la República del Frente Popular un aliado natural, la particular idiosincrasia que la formaba obligó a presentar el proyecto ante sus distintas corrientes ideológicas de forma separada. Por un lado estaba la absoluta confianza por parte del PCE, pasando por la prudente gratitud del PSOE e Izquierda Republicana hasta las reticencias, a veces impertinentes, del POUM. Solo tras la división del programa en tres zonas bajo la supervisión de los comisarios políticos de cada formación pudo comenzar su andadura el Proyecto para un hombre nuevo” en territorio español. A pesar de su aparente buena intención, el gobierno de Moscú tenía muy claro que sus objetivos pasaban por  crear el mayor número de supersoldados, estudiar su aplicación en la guerra y recuperar en territorio soviético el mayor número. Ganar la guerra siempre fue un objetivo secundario.
Martina E. Galindo – La historia nunca contada sobre la participación extranjera en la Guerra Civil española.

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