Cita

“En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira"
Ramón de Campoamor

jueves, 23 de julio de 2015

El gusto de criticar



Imposible señor,
no aguanto esa broma,
mi sangre se hiela,
si me cambian una coma.
    Con estas palabras rechazaba Cyrano de Bergerac la proposición del Duque De Guiss de que Richelié cambiara su tragedia “Agripina”. Estos versos me vienen siempre a la cabeza cada vez que escucho o leo una crítica de nuestro trabajo. Por el momento hemos tenido suerte y han sido todas constructivas pero no dejo de sentir que profanan nuestra obra cuando alguien comenta que una coma quedaría mejor en otro lugar.
    En la última temporada, conforme nuestro trabajo se va dando a conocer, hemos sido criticados y hemos tenido que criticar como en la elaboración de la revista Crítico en la que participamos en el foro donde se debaten los contenidos. Insisto que siempre comentamos constructivamente pero muchas veces se crea el conflicto cuando el trabajo que te encuentras no es lo bueno que podría ser. Hace poco tuve que comentar un trabajo así y pensé en mejor no poner nada pero eso supondría que la revista bajaría el nivel. Intenté en rebajar las críticas, pero ya estaban al mínimo y no eran descalificatorias. Finalmente lo dejé tal cual lo había escrito. Esto a su vez también te expone a réplica. Debes de estar preparado para defender tu opinión así que más vale que lo tengas bien documentado o te juzgarán más severamente a ti que a la obra.
    Lo mismo pasa cuando somos nosotros los objetos de la crítica. Independientemente de lo que me reconcoma por dentro, los comentarios acerca de nuestro trabajo son buenos, sobre todo si son severos. En realidad son con estos con los que se aprende. Escucharlos, comprenderlos y aceptarlos (aunque eso no suponga seguirlos) creo que son gesto de madurez.
    También hay un punto que normalmente nos blinda de aceptar opiniones y es que, a estas alturas de nuestra andadura, cada uno tenemos una manera de escribir. Una identidad literaria. Que es realmente difícil de cambiar (sobre todo si no se desea). Para ser justos debo decir que los mayores jueces de nuestra obra somos nosotros. Puede que haya sido lo más difícil de superar. Antes de que una obra de JD salga a la luz ha sido examinada párrafo a párrafo, palabra por palabra por sus dos autores y normalmente siempre el uno contra el otro. Y eso, en muchas ocasiones, ha sido tan dramático como una guerra.
    Es el ejemplo vívido de que el conflicto, siempre bajo unas reglas honorables, es siempre bueno en cuanto a las letras se refiere.

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