Cita

“En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira"
Ramón de Campoamor

sábado, 7 de febrero de 2015

La adicción de crear


   Hace ya un tiempo, tuve la suerte de asistir gracias a la siempre inminente publicación de Babylon, a una mesa redonda de creadores de juegos. Noeko y yo fuimos con nuestros uniformes de presos e incluso fuimos esposados. No hay nada como una buena puesta en escena para llamar la atención.
De aquella mesa redonda, una de las intervenciones que más recuerdo, atracadores de bancos aparte, fue la de Fran Díaz, el creador de Polis, que se notaba por méritos propios que era el más eminente para estar allí. Comentó que estaba una noche, ya a ciertas horas intempestivas buscando información sobre los partisanos de la segunda guerra mundial para ningún proyecto en particular y de repente se preguntó: ¿Por qué estoy haciendo esto si ya podía estar durmiendo hace horas?
   He de confesar que en aquel evento fue con lo que más me sentí identificado. Mi respuesta: Porque no lo podemos evitar, somos así.
   Habrán sido innumerables las veces que he perdido horas de sueño, comidas, eventos sociales, cafés improvisados con los amigos, horas de trabajo o incluso la posibilidad de jugar a los médicos porque ha habido una idea, una página, una aventura que me obligaba de manera imperiosa a ser escrita, narrada, reseñada o apuntada de alguna manera. Daba igual el tema, el proyecto o la situación. El riesgo de que cayera en el olvido debido al empuje de otras de igual calado sencillamente me daba miedo.
   En mi despacho, al alcance de mi mano, tengo una caja de tamaño folio con la representación de un mapamundi del siglo XIX. En su interior habrá un centener de fragmentos de papel con anotaciones de relatos, partidas, módulos, libros, poemas y un sinfín de ideas que francamente ni yo sé en qué se materializarán. Es mi caja de Pandora particular, la cual abro únicamente cuando justamente tengo un hueco en mi ajetreada vida para recuperar una de esas ideas que van a plasmarse en algo nuevo y sorprendente.
   A veces estoy escribiendo un relato sobre un encuentro en una estación espacial de una pareja que seguramente acabe jugando a los médicos y pienso: Quizá debería cenar algo o bajar a mi pobre y paciente perro o hacer caso a mi santa esposa. Muchas cosas debería hacer y si no fuera a veces por una férrea disciplina no saldría de mi cubículo.
   Baudelaire reflejó una vez algo parecido en su Himno a la Belleza de la cual somos esclavos y mecenas, versos con los que me gustaría acabar esta reflexión. Yo no me comparo con Baudelaire pero sí que puedo entenderlo.

    ¿Surges tú del abismo negro o desciendes de los astros?
    El Destino encantado sigue tus faldas como un perro;
    Tú siembras al azar la alegría y los desastres,
    Y gobiernas todo y no respondes de nada.

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