Cita

“En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira"
Ramón de Campoamor

domingo, 4 de enero de 2015

La vieja canción del faraón (Historia completa)

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  Estos días ha vista la luz el número 5 de la revista Crítico en la que se resuelve la segunda parte de nuestra aventura "La vieja canción del Faraón" para Savage World. Esta transcurre en dos tumbas con una intrincada historia detrás que hoy compartimos con todos vosotros en el siguiente enlace o en las siguientes líneas... 
  Esta historia habla del reinado de Mentuhotep V y de los acontecimientos sucedidos antes de su nacimiento que involucraron a su pacífico padre, su belicoso tío, un sumo sacerdote que los hubo de querer a ambos como a sus hijos, al artesano musical favorito del faraón y a su enigmática hija.
  Hasta el momento…
  Mentuhotep IV, amado padre del actual faraón fue conocido por gobernar con justicia y dar prosperidad a las tierras del Nilo. Prácticamente será olvidado ya que no hubo ninguna gran gesta, guerra, desastre o liberación de esclavos durante su mandato. Su tumba será saqueada en menos de veinte años y su nombre se perderá entre la arena. Sin embargo nada queda más lejos de la realidad.
  El faraón tenía un hermano menor, Nahyusis, que si bien nació después tuvo a su favor ser más fuerte, más ilustrado y también más carismático que su hermano bendecido. Muchos en la corte de Tebas se preguntaban que aciago destino había privado a Nahyusis de ser un faraón que sin duda habría recordado la historia.
  Ambos hijos fueron aleccionados por el mismo sacerdote de Horus, Paher Terán, que hubo de amarlos por igual aunque quizá consintió más al segundo que estaba destinado a ser la sombra del primero.
  Estos fueron el perfecto ejemplo de amor fraternal, siempre uno al lado del otro. Mentuhotep tenía la sabiduría de Horus y Nahyusis la fuerza de la guerra. Ambos se equilibraban. Pero cuando alcanzaron la madurez sus caminos comenzaron a separarse. Mentuhotep trajo a su corte hombres sabios y artesanos desde todos sus dominios, y Nahyusis, el más popular entre los Menfyt se acercaba cada vez con más audacia a los bordes de los territorios de su hermano, embebecido por los sueños de gloria que Paher Terán le inculcara de niño.
Algo ocurrió al margen de la voluntad de ambos. Fue la llegada de Jaemuaset y de su enigmática hija Dakat. Si bien el mayor sintió una férrea admiración por el padre, el menor la sintió por la hija.
Jaemuaset era un artesano de instrumentos musicales como el arghul y el ney que conseguía elevar los sentimientos del faraón con su maestría. Por otro lado, Dakat, que le asistía en las interpretaciones, comenzó un idilio con Nahyusis.
  De forma paralela, Paher Terán, con la llegada a la madurez de ambos hermanos comenzó la edificación de dos tumbas hipogeas que habrían de conducirlos hasta el más allá.
  El tiempo pasaba y la tragedia estaba más cerca puesto que Mentuhotep, cada vez más fascinado por la música de su artesano, desdeñó sus obligaciones para imbuirse por completo de ese extraño y divino mundo al que la música interpretada por Jaemuaset le conducía. Mientras tanto Nahyusis sentía la asfixia del paso de los años en los cuales se daba cuenta de forma más clara que no iba a dejar huella. Este mal envenenó el espíritu de Nahyusis que solo veía como su hermano se perdía en un mundo onírico que para él no era perceptivo.
  Así fue como el menor de los hermanos preparó una conjura entre los Meyad y los Menfit para usurpar el gobierno de su hermano y realizar una última gran campaña. La conjura estaba cerca hasta que Nahyusis cometió el error de revelar sus planes a Dakat, su amante, la cual, a pesar del profundo amor que sentía por Nahyusis lo delató a su padre y este a Mentuhotep.
  El dolor del faraón fue tan terrible que estuvo a punto de consumirlo. Sin embargo la situación era muy peligrosa ya que Nahyusis tenía una fuerte influencia sobre los ejércitos de Egipto. De esa manera entre Mentuhotep y Paher Terán tendieron una trampa para capturar y hacer desaparecer a Nahyusis.
  Mentuhotep dominado por la rabia que le produjo la traición de su hermano querido lo condenó a la maldición del Pakamen, una camino de horrores en este mundo y el más allá. Fue enterrado en una nueva tumba, en un lugar sin nombre y sin marcas junto con todos los implicados en la conjura y la totalidad de los trabajadores que la realizaron.
  Las arenas del desierto siguieron cayendo y a partir de aquel momento Mentuhotep IV fue la sombra del monarca que había sido. Sólo la música de Jaemuaset le consolaba y le elevaba a un mundo lejano donde su hermano Nahyusis seguía a su lado. Mentuhotep V, el hijo del amado faraón comenzó a hacerse cargo del gobierno antes de la muerte de su padre ya que este perdió todo interés por el mando. Cuando finalmente murió fue enterrado en su tumba mientras que la destinada a su hermano acabó siendo la última morada de Jaemuaset y su hija Dakat que eligió acompañar a su padre en su viaje.
  Paher Terán jamás informó a Mentuhotep V de la traición de su tío. Para todo el mundo, Nahyusis desapareció en el desierto reclamado por Anubis junto con los más valientes entre sus hombres.
  El hermano del faraón fue un traidor, pero en opinión del viejo sacerdote, un momento de debilidad no le excluye del derecho a la honra en el más allá. Con todos los implicados muertos y solo él para recordarlo, está dispuesto a deshacer la historia y dejar las cosas como debieron ser, como estaban destinadas cuando ambos hermanos solo eran unos niños que le tiraban de las barbas. Nahyusis debe de volver a la tumba que por derecho le corresponde. Paher Terán tiene el deseo, ahora solo le hace falta un grupo de saqueadores de tumbas que venzan el Pakamen y le otorguen el descanso al que hubo de querer como a un hijo.

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