Cita

“En este mundo traidor, nada es verdad ni mentira, todo es según el color del cristal con que se mira"
Ramón de Campoamor

lunes, 24 de noviembre de 2014

RECUERDOS Y PRINCIPIOS



photo credit: <a href="https://www.flickr.com/photos/tomitapio/4119508207/">Tomi Tapio</a> via <a href="http://photopin.com">photopin</a> <a href="http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0/">cc</a>


   Hace un tiempo fuimos a las jornadas Ex mundis a por un premio que nunca ganamos. Aunque el objetivo del viaje fue infructuoso, ocurrieron varias cosas que en una noche de viernes me hacen que pensar.
   Una fue la playa. Como residente de zona de interior sumergido en la crisis, la playa es ese lugar mitológico fuente de inspiración y relax donde puedes tumbarte a merced de las olas y desaparecer.
   Otra fue la conversación con autores de fantasía de la que ya hablamos en meses anteriores.
   Y otra, que por algún motivo no alcanzo a comprender se me ha colado en la mente y me gustaría compartirla.
   Entre la gente que conocimos estaba Vero, que venía de Granada si la memoria no me falla y estaba testeando una partida de 1808 con la pretensión de publicarla en "Desde el Sótano" en la web de ediciones Sombra. Su lozanía juvenil de veinteañera nos resultó refrescante para nosotros acostumbrados a talluditos veteranos del mundo del rol que se mueven en márgenes previsibles.
   Esa ilusión a la hora de diseñar tus primeras partidas no tiene precio. Esa ingenuidad cuando nos preguntó con ojillos risueños acerca de nuestras opiniones sobre la partida te partía el corazón. La partida se podía mejorar, evidentemente, como todas creo, yo pero me dio la sensación que más que una pesada y aburrida crítica mía acerca de que esto podía estar aquí o allí, o que recurso narrativo hubiera sido mejor para explicar el momento personal del PNJ del fondo de la sala era del todo innecesario. Es lo bueno de tener toda la vida por delante. Estoy seguro de que acabaría encontrando sus propias respuestas. Me pareció, y hoy sigo pensando lo mismo, que lo que más le hacía falta era ilusión.
   Era inevitable que en nuestro trato la diferencia de edad se hiciera patente. Hubo un momento que nos preguntó acerca de cuantos años llevábamos jugando a rol y me acuerdo de preguntarle yo a su vez: ¿Cuántos años dices que tienes? Pues mira, el día que tú naciste yo estaba jugando a rol. No es que quisiera parecer presuntuoso pero es cierto que por aquel entonces jugaba a rol mañana, tarde y noche. Pero no penséis mal, aquello me hizo más daño a mí que a ella.
  Al ver que era una de sus primeras partida (entendiéndose de cara a publicar) recordé inevitablemente las mías propias. Fueron dos juegos de rol, uno inspirado en el videojuego Golden Axe (los que lo recordáis sois de los míos) al que llamé “Algon Oxa” y el otro fue un plagio brutal de la llamada de Cthulu que gracias a dios nunca vio la luz porque iba a llamarse “Los Mitos de Ogoth”. Sinceramente ahora me meo de risa al recordarlos. Creo que tenía 11 o 12 años como mucho y creo que aun estarán por alguna parte de las innumerables carpetas que hay en mi biblioteca. En cuanto las encuentre seguro que publicaré una parte como homenaje a los principios de cualquier jugador de rol.
   El tiempo pasa inexorablemente para todos. Una ventaja que tenemos nosotros es que a la hora de rellenar la ficha siempre podemos variar (si el reglamento lo permite) la edad en la casilla correspondiente.
David, JalfDaltonics

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